Diario de una terapia (4): la acción

“Vi tu página web hace tiempo, me gustó, conseguí tu número… Y lo guardé en un cajón. Estaba convencida de que pasaba por un buen momento vital. Hasta que hace unos días el miedo me paralizó y no pude acudir a una reunión de antiguas compañeras de colegio que yo misma había organizado. Sentí mucha inseguridad; me di cuenta de que me había estado engañando y posponiendo la terapia y me dije “de hoy no pasa”.

Diario de una terapia (4): la acción

“Me decidí a escribirte una tarde en la oficina después de una reunión con mi jefa. Me quedé tan tocado por todo lo que me dijo que me puse a darle vueltas a qué podía hacer; pensé en pedirle una reunión y desahogarme con ella, en dejar el trabajo, hablar con otros jefes… Hasta que caí en que llevaba tiempo con la idea de contactarte y di el paso”. 

Si leíste la entrada anterior, recordarás a Héctor, sus dudas y sus borradores de mensajes de contacto que no llegó a enviar. Hasta que después de la reunión con su jefa la tensión acumulada se hizo insostenible e hizo el “click” la idea de ver la terapia como posible vía para aliviar su malestar. 

Hoy conocemos también el testimonio de Amanda, que parecía motivada por iniciar terapia ya desde su primera visita a la web, pero que necesitó de una paradoja para ponerse en marcha: un frenazo (en el ámbito social) la terminó impulsando (hacia el autocuidado emocional).

En la mayoría de los casos, hay dos tipos de causas que nos motivan a iniciar una terapia:

  1. Causas distales: la raíz, el malestar de fondo, el problema que lleva tiempo enquistado. La inseguridad de Amanda en el plano social, la relación conflictiva de Ainara con su madre o la tendencia a la autosuficiencia emocional de Julio ilustran muy bien patrones que probablemente fueron funcionales en el pasado, pero que dejaron de serlo en algún momento y hoy causan sufrimiento. 
  1. Causas proximales: lo inmediato, la situación concreta que sirve como disparador de un miedo, un ataque de ira o un “bajón” emocional que asociamos a la necesidad de ayuda. Y que suele darse apenas unos días antes (o a veces unas horas) de ponernos en contacto con nuestro futuro terapeuta. 

La reunión de Julio con su jefa o la quedada frustrada de Amanda con sus antiguas compañeras son ejemplos de este tipo de causas, los famosos “triggers” que a veces van también precedidas de una acumulación de eventos en los que nos sentimos impotentes para afrontar situaciones de la vida cotidiana. 

Y es también muy frecuente que tras ese primer contacto, incluso antes de la primera sesión, se dé un fenómeno curioso y ampliamente estudiado

al pedir ayuda, incluso antes de comenzar la terapia, experimentamos una sensación de alivio y mejoría en nuestro estado de ánimo

El relato de quienes han notado este efecto a menudo también incluye la toma de decisiones sobre cambios en su día a día. Esas modificaciones que llevamos a cabo por nosotros mismos suelen ser pequeñas pero tienen un gran impacto porque nos hacen sentir más capaces y nos otorgan más control sobre nuestra vida. 

Reducir la ingesta de sustancias dañinas, cambiar hábitos poco saludables, dedicarle menos tiempo al móvil o comenzar a hacer ejercicio suave son algunos de los cambios más frecuentes en dichos relatos. 

Estos cambios pueden ser la base sobre la que trabajar en terapia otros posteriores orientados a revisar los patrones de vinculación aprendidos que guían nuestras relaciones personales. Y también nuestra autopercepción: si hemos sido capaces de tomar pequeñas decisiones de forma autónoma, con apoyo terapéutico y perseverancia estaremos aún mejor preparados para afrontar nuestros conflictos emocionales. 

En cualquier caso, estar suficientemente convencido/a antes de pedir ayuda ofrece más garantías de establecer una mejor alianza terapéutica, lo que previene también el abandono temprano de la terapia psicológica

Y una vez explicado lo anterior, toca hacer parada y reflexión.

Diario de una terapia (4): la acción

Otras personas llegaron a su terapia conmigo de esta manera. Y fueron recibidas con los brazos abiertos. 

Si te decides a contactar con Grama Psicología e iniciar tu proceso terapéutico, tú también lo serás. Porque aquí también hay sitio para ti. 

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